






El pasado 18 de enero el diario El Nacional desplegó
un anuncio de una página que anunciaba el inicio de un conflicto.
“Corporación Churromanía hace del conocimiento público que el uso del
lema ‘Para chuparse los dedos’ que hace la empresa de comida rápida KFC
atenta contra los derechos marcarios de la Corporación Churromanía”, se
leía en el comunicado.
Había pasado poco más de un año desde el primer llamado de atención,
mucho más privado, de Ariel Acosta-Rubio Rodríguez, presidente y
fundador de Churromanía, a los representantes de KFC en el país, sobre
la utilización indebida de la frase “chuparse los dedos” en las
promociones de la transnacional. Esa idea está incluida en “Una manía
para chuparse los dedos”, eslogan que registró la empresa venezolana
ante el Servicio Autónomo de Propiedad Intelectual (Sapi) en 2000 como
lema comercial. KFC también inscribió la codiciada oración ante esa
institución, pero bajo el concepto de denominación comercial, en 1985.
La aclaratoria pública era una muestra de que la paciencia de los
directivos de Churromanía se había agotado, y que estaban dispuestos a
extremar medidas para que KFC dejara de ser publicitado con la frase
estrella de los churros con chocolate.
Pudo haberse desatado el escándalo. ¿Una transnacional con más de 35
mil tiendas en todo el planeta en contra del micro-empresario que logró
colocar 100 en 10 países? O lo que está de moda en Venezuela: ¿El
capitalista arrasa con el emprendedor criollo? Ninguna de las
anteriores.
Se trató, más bien, de un “malentendido” y una “falta de comunicación”,
asunto que pudo ser resuelto de tan buen modo, que las corporaciones
terminaron convirtiéndose en aliados para financiar la consolidación
del Núcleo de Naiguatá, en Vargas, de las Orquestas Sinfónicas
Juveniles e Infantiles de Venezuela.
Dulce meollo
No tardaron en llegar comentarios a los oídos de Acosta-Rubio cuando
publicó el anuncio. “Dijeron: ‘¿cómo te vas a meter con el grande, con
los yanquis? Van a acabar contigo”. Pero estoy defendiendo mis
derechos, sólo que lo hice público para que el gringo se entere de que
en Venezuela hay un tipo que vende churros, pero no en la plaza La
Candelaria, sino en 10 países”.
Acosta-Rubio además de ser el creador de una franquicia que recibe un
promedio de 20 solicitudes diarias desde India o Alemania, y de ser
hijo de uno de los fundadores del canal Televen y de la reconocida
agencia de publicidad Ars; también se vanagloria del eslogan, ingeniado
por el locutor y periodista venezolano Eli Bravo hace al menos 10 años,
en la primera cuña de radio para los churros.






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